Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de febrero de 2010

cuatro parábolas literales

CUIDADO

Esta es la historia de un hombre que ya no pudo volver a caminar porque siempre iba con pies de plomo y este metal pesado, flexible, inelástico se funde con mucha facilidad.
Desde entonces es una persona mucho más ligera y despreocupada.

ENCERRADO

A aquel hombre le acaeció lo que a tantos otros les ocurre al no comportarse como tales. Se vio privado de libertad en un pequeño zoo local al ser confundido por un simio, ya que que no dejaba de andarse por las ramas.
Cada día se esfuerza en defender con datos y pruebas su condición humana.

DESCUIDO

Este es el relato de un hombre que perdió el conocimiento al golpearse con una señal divina ya que tenía la costumbre de liarse la manta a la cabeza y no conocer a nadie.
A partir de ese momento se volvió prudente y cauteloso.

ENCUENTRO

Un hombre y minucioso explorador un día encontró algo muy desagradable inspeccionando al pie de una letra.
Aunque no siempre lo consigue tal experiencia le enseñó que ciertos detalles es mejor pasar por alto.

lunes, 28 de julio de 2008

Llamada

No podía perder más tiempo. Las horas estaban contadas. Cualquier decisión errónea mandaría todo al garete. Debía seguir al instinto. No podía dejar pasar la ocasión. Este era su momento.
Se pondría su uniforme mimético, y en la calle, entre la gente, invisible a sus ojos, trazaría en el aire señales de sueño. De fondo tocarían un himno secreto los grises campanarios del silencio.
De antemano está todo perdido, pensaba, así que cualquier acto por menudo que sea, valdrá la pena. No lo hace por lo que después pueda pasar. No buscaba recompensas.
Si lo hace, no es por algún motivo razonado. Interviene algo más ilógico o sentimental,
Como puede ser la fe o la creencia. (De todos modos, cualquier clase de conocimiento es comparable en ciertos rasgos con la opinión y conlleva algo de creencia y dogma en sus afirmaciones).
Nadie puede arrebatarle la certeza que le anima.

quino

La minireconstrucción de un relato

Y fueron felices, aunque sin perdices el resto de sus días, algunos ratos. Tampoco se le puede pedir peras al olmo.
Ella, su esposa, pudo salir después de un largo año, del trauma que entre otras consecuencias le paralizó las piernas. Del juicio por acoso Manolo salió indemne por falta de pruebas, pero tanto él como los conjurados fueron despedidos de la empresa.
Manuel, el jefe del turno de tarde de una fábrica de chocolate en Aranjuez. Un cabeza chorlito, sin mayor maldad que la de cualquier jefe de sección se vio metido hasta el cuello en este suceso tan tragicómico.
Del resto de esta historia inventada, no quiero contar nada.


Quino

ZONA MUSGO

Lo llamaban así por algún motivo desconocido.
Unos dicen que fue Alfredo quien se lo puso, otros que Natalia. La verdad es que ni ellos ni los que frecuentan el paraje recuerdan el surgir de este sobrenombre ni el porqué. Tras algunas investigaciones y entrevistas no di con respuestas claras.
Donde la arboleda más se espesaba, había un banco que identificaba el lugar. Las siglas Z y M grabadas en una esquina eran testigos.
Durante varios días, con sus respectivas noches, no encontré nada más que animalillos de la zona (ardillas y pájaros sobre todo), algunas parejas, otros paseantes y un vagabundo que pasaba todas las mañanas a las siete en punto.
Todo lo que me habían contado aquellos jóvenes sobre voces de mujer y demás apariciones eran solo leyendas, o yo al menos, no las podía verificar.
No hubo nada de mención especial, aunque a título personal si que tengo que llamar la atención sobre la belleza que adquiría al anochecer este recóndito rincón del parque.
Cuando el sol empezaba a debilitarse la luz y el color parecían sacados (valga la comparación) de un cuento infantil.


quino

VIÑETA

El sol no regresa. No tiene porqué hacerlo. El viaje de vuelta no es una de sus directrices o prerrogativas morales. Si lo hace es por un acto completamente gratuito.

Los días verdes, cuando se aproxima la hora del cierre de las escotillas se le dibuja en la cara una espléndida y hermosa sonrisa.
Es normal, todos tenemos derecho a ser felices, y muy curioso que sean los gusanos de seda quienes más privilegios posean y con mayor facilidad los desperdicien.

-El boulevard de las lágrimas risueñas- decía Ernesto cuando alguien lamentaba su malestar vital con alguna frase parecida a “todo es una puta mierda”. El interlocutor con cara de sorpresa respondía a construcción verbal tan ambigua -¿qué dices?-.
- ¡que te quejes cabrón, pero con un poquito de ilusión! - finalizaba el absurdo diálogo entre la nube y la flor.

Somos nómadas a pesar de las incólumes y eternas columnas fundadas en el tiempo. El sentir no es un lugar para siempre. A menudo incluso la recurrencia más mecánica queda desprovista de toda dirección en manos del ciego silencio. Por mucho que persigamos, por mucho que esperemos no hay certeza fiable. Es ineludible y saludable estar a expensas de la suerte.

- Pero el hombre debería caminar erguido.

Si, pero ¿para qué? ¿se debe perdonar al que no perdona? ¿qué clase de fin nos puede justificar?

- Yo no lo se. Si no lo sabes, lo sabrás.

El sol no regresa. No tiene porqué hacerlo. El viaje de vuelta no es una de sus directrices o prerrogativas morales. Si lo hace es por un acto completamente gratuito.

“Hay un largo camino que transcribir y la mañana se despierta en ti”.



quino

martes, 13 de mayo de 2008

ILUSIÓN (microrelato)

ILUSIÓN
 
Un cubo. No sólo a simple vista, sino bajo la atenta mirada de la sospecha era un cubo a todas luces. Parecía no haber sombra de duda.
 
Poco más se podía añadir, macizo, con sus ángulos bien rectos, sus seis caras y ocho esquinas, quizá de plomo o de algún otro material férreo y pesado. Parecía estar seguro de sí mismo, con las ideas muy claras y los pies bien pegados al suelo que pisa, o mejor dicho, que pisaba.
Pero no. Únicamente lo parecía.

Puede que por hastío,  por su propia naturaleza o por motivos que no comprendo, no sé, pero yo la vi convertida, trasformada, ascender hasta el techo, dubitativa y frágil como pompa de jabón. 

¿no me preguntan el cómo ni el por qué?
 
qino