El sol no regresa. No tiene porqué hacerlo. El viaje de vuelta no es una de sus directrices o prerrogativas morales. Si lo hace es por un acto completamente gratuito.
Los días verdes, cuando se aproxima la hora del cierre de las escotillas se le dibuja en la cara una espléndida y hermosa sonrisa.
Es normal, todos tenemos derecho a ser felices, y muy curioso que sean los gusanos de seda quienes más privilegios posean y con mayor facilidad los desperdicien.
-El boulevard de las lágrimas risueñas- decía Ernesto cuando alguien lamentaba su malestar vital con alguna frase parecida a “todo es una puta mierda”. El interlocutor con cara de sorpresa respondía a construcción verbal tan ambigua -¿qué dices?-.
- ¡que te quejes cabrón, pero con un poquito de ilusión! - finalizaba el absurdo diálogo entre la nube y la flor.
Somos nómadas a pesar de las incólumes y eternas columnas fundadas en el tiempo. El sentir no es un lugar para siempre. A menudo incluso la recurrencia más mecánica queda desprovista de toda dirección en manos del ciego silencio. Por mucho que persigamos, por mucho que esperemos no hay certeza fiable. Es ineludible y saludable estar a expensas de la suerte.
- Pero el hombre debería caminar erguido.
Si, pero ¿para qué? ¿se debe perdonar al que no perdona? ¿qué clase de fin nos puede justificar?
- Yo no lo se. Si no lo sabes, lo sabrás.
El sol no regresa. No tiene porqué hacerlo. El viaje de vuelta no es una de sus directrices o prerrogativas morales. Si lo hace es por un acto completamente gratuito.
“Hay un largo camino que transcribir y la mañana se despierta en ti”.
quino
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