lunes, 28 de julio de 2008

ZONA MUSGO

Lo llamaban así por algún motivo desconocido.
Unos dicen que fue Alfredo quien se lo puso, otros que Natalia. La verdad es que ni ellos ni los que frecuentan el paraje recuerdan el surgir de este sobrenombre ni el porqué. Tras algunas investigaciones y entrevistas no di con respuestas claras.
Donde la arboleda más se espesaba, había un banco que identificaba el lugar. Las siglas Z y M grabadas en una esquina eran testigos.
Durante varios días, con sus respectivas noches, no encontré nada más que animalillos de la zona (ardillas y pájaros sobre todo), algunas parejas, otros paseantes y un vagabundo que pasaba todas las mañanas a las siete en punto.
Todo lo que me habían contado aquellos jóvenes sobre voces de mujer y demás apariciones eran solo leyendas, o yo al menos, no las podía verificar.
No hubo nada de mención especial, aunque a título personal si que tengo que llamar la atención sobre la belleza que adquiría al anochecer este recóndito rincón del parque.
Cuando el sol empezaba a debilitarse la luz y el color parecían sacados (valga la comparación) de un cuento infantil.


quino

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