qué digo?
Mucho más
y lo sabes.
En el papel,
en cada partida,
en cada mano
se juega la vida
un mundo.
Boca arriba se ponen las cartas.
Ahí se decide el origen
y la desembocadura del viento.
Si, allí es,
como en un duelo
donde se debaten
entre la sal y las heridas
las ilusiones,
todo aquello que por desdén
o insistencia,
que por inercia o gravedad
se omite y se suma
a lo que eres,
ahí está, en las voces
para desbrozar y aludir
a lo más íntimo y manifiesto.
Más que palabras,
frutos, temores
furores, esperas,
guantes, omisiones
venganzas, caricias,
lugares, faroles,
diamantes, cicatrices,
apuestas, corazones.
Más que palabras
son las que quedan
aquí escritas en el aire
de de una noche de domingo.
(gracias a todos por leer y escuchar)
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Bandera
Ésta es mi bandera,
ésta que no ves,
ésta que no está,
que no es grande
ni pequeña,
la que no ondea con el viento
y los intereses de nadie.
La que no tiene colores,
más vivos o tristes,
la que no tiene insignias,
emblemas, anagramas,
etcetera.
La que no pende
de ningún palo, poste y mástil.
La que no hay que defender de alguien
ni santificar por encima de todo.
Ésta es mi bandera,
ésta que no es,
ésta que no está
clavada en ninguna parte
por ninguna razón especial.
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Remando al viento
con la corriente
sin mucho esfuerzo
más que el suficiente
para seguir tirando
como siempre.
no es difícil
pero la mar es breve
remando al viento
tras la buena suerte.
vamos la inmensa
detrás de clemente
por miedo a errar
y su cómoda pendiente.
remando al viento
de puente en puente
a ver si pronto llega
el próximo viernes.
¡ay quién fuese bravo salmón
o desertor lugarteniente!
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Saturday Night Fever
Reviste de amianto la superficie
de tu voz.
Tu eres aliento, mi alimento diario.
Las palabras arrecian
a las primeras horas de la mañana
y pocas flores parecen nacer en su sitio.
A mi no me quedan corazones en la manga,
sólo un par de diamantes en la solapa
con los que poder comprar unos cuantos soles
en el mercado negro de la esperanza.
Madrugada de luz en tus manos,
acaricia el verbo,
la soledad no es ningún paraíso perdido
que buscar en esta selva de cristales y espejos.
Y en cada garganta hay un atisbo de ocasión.
No hay solución fácil ni posible interrogante.
Quizá una postura, una estrategia,
un modus operandi, a lo mejor.
Hoy es día de guerra, de proezas,
de hazañas y muerte,
de venganzas y amor.
Los cuerpos yacen esparcidos alrededor.
Es importante no llevar coraza,
no porque puedan percatarse de que tienes miedo,
si no porque temes los embates y las puñaladas
y no importa.
El campo de batalla es tierra yerma,
promesa baldía hinchada de futuros
y así será por mucho.
Lo sabíamos después.
Todavía si.
¿Y qué?
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Reitero
Como la tarde que se clava
como figura de porcelana
rota en mi costado
como puñal de voz grave
abriéndose paso en la mudanza
como un niño al borde del llanto
de las altas horas
que sin saber qué deshacer
y con mucha ira
corre y recorre los racimos
que le llevan hasta aquí
como un corzo inventado
como un sol de soldado
en plena melodía inesperada,
yo, rey del silencio,
bufón de ruinas,
presiento algo,
la voracidad del viento,
quizá,
la ignorancia contumaz del día.
Como el camino hambriento
que va al acantilado
de un domingo de mayo,
me reitero,
presiento algo...
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