El forajido espera el paso de la diligencia.
Es tarde en el país de hoy en día.
En el límite
donde el desierto pierde su nombre,
yo encuentro una osadía que esconder
donde el avestruz...
Aunque mi culpa sea insalvable
no soy yo el único responsable,
como el mar mil veces te digo y me repito.
Pasan las olas,
todo sigue igual
aquí en la tierra de la envidia
donde nadie desconoce
el valor de las mentiras.
Yo no soy aunque…
…si lo sea, vendedor de almas,
recaudador de lamentos.
Prestamistas, hombres, buscatesoros
se saltan a la torera la tapa de los besos.
De algo hay que comer.
Y no es para menos a estas alturas de la noche
cuando ya no se recuerda nada que merezca la pena.
Detrás está la calma,
cultivos de bonanza,
volver a empezar.
Y como si tal cosa,
aquí no ha pasado nada.
¿qué podría pasar?
¿qué podría suceder?
No es mi mundo este
ni mi lengua,
esta que habla sin sentido
del orden que nos desborda.
Salvo en caso de extrema emergencia
no hay por qué desalmarse.
Lo haré por su bien,
aunque no lo parezca,
no existe un ápice de maldad
en sus intenciones.
Es la querencia de las manos en el terreno.
Wallace era inocente (yo no)
y la crisis sin freno nos cubriría de mierda,
al menos en la imaginación, hasta el cuello.
Pero no fue así. Vino con sangre y huesos
y ganas de poner a cada cual en su sitio.
Estaré allí cuando vuelvas,
cuando tengas de nuevo desnuda la piel
sobre la arena, me decía...
La tierra se mueve,
crece el silencio alrededor,
tienes frío y aún queda mucho viaje.
Pero no te preocupes, no temas.
De nada sirve.
El miedo, noble elixir restaurador
del orden natural de las rosas
parece comportarse
como tormenta de verano.
Lo que ayer fue agua hoy es piedra,
Lo que hoy es tanto mañana vendrá siempre.
Descompuesto el cuerpo del poema,
se respira en el paisaje indecente
el perfume del imbécil que nada pretende.
Metal precioso, la obra estéril, vana, desinteresada.
La tarde es lenta en el lugar impuesto
por las hordas del hombre y sus caprichos.
No quiero llorar.
No puedo cantar.
El diablo sabe qué flor baila en el cieno.
¿qué utilidad se le supone?
¿mantener a salvo la porción irracional?
En los arrabales,
A las afueras del pensamiento
Radica el germen preciso.
No quiero volver.
Ya está bien por hoy de tanta honestidad.
Como una piedra en medio del parque
desespero…
Llévame contigo, en tus viajes y palabras.
Si hubiera una posibilidad,
un lugar propicio, una razón natural,
quizá con el tiempo asome
por la costumbre más bruta..
Cuanto cansancio en el abarrotado
metro de las mañanas.
¿cuánto consuelo y tesón?
Próxima estación.
¿quién sabe?
Hay esperanza, futuro
compasión y carroña.
martes, 11 de noviembre de 2008
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