Egoístas y privadas como la mía,
las miradas solitarias
a primera o sucesivas horas
del día en los vagones del suburbano,
son miradas de ojos de sardina enlatada,
tan juntitas las unas de las otras,
rostro con rostro, pestaña casi con pestaña,
contiguas y a miles de distancias
dirigen el camino dirección sus labores
o equivalente comparativo.
Sin espinas ni acritud,
de silencio en silencio
las miradas guardan
con recelo su gran secreto.
quino
martes, 22 de julio de 2008
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